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  • Writer's pictureBernardo Sainz

Tolkien, Heidegger, y el Regalo de la Muerte

Updated: Sep 15, 2022


Uno de los conceptos que intrigan e inspiran a Martin Heidegger en su profundo análisis de Antígona de Sófocles es la palabra griega deinon (δεινός/δεινόν). Como suele suceder con estas remotas palabras, el significado de deinon se presta a interpretación: Asombroso, terrible, tenebroso, poderoso, extraño, temible, y siniestro son solo algunas de las posibles definiciones. Sin embargo, Heidegger se decanta por “unheimlich” que en inglés ha sido traducido como “uncanny” o “unhomely”. Para Heidegger, esta idea, lo raro, misterioso y lejano al hogar, es un concepto fundamental no sólo para la tragedia griega sino para entender la existencia humana. Antígona, frente a la trágica muerte de su hermano, se sitúa entre la razón y las pasiones, entre la naturaleza y la ley, entre lo familiar y lo desconocido, entre lo humano y lo divino. De acuerdo con Heidegger, la obra de Sófocles revela que la naturaleza humana es no estar cómodo en el mundo. Que nuestra única forma de ser, de estar en casa, es no estando en casa. Los humanos estamos en ese sentido incompletos, siempre al borde de lo desconocido, nunca en casa.


¿Cómo se relaciona esto con J.R.R. Tolkien? Quizás una idea parecida al deinon heideggeriano subyace en la antropología de la tierra media. En una carta de 1958, Tolkien confiesa que el principal tema de El Señor de los Anillos es la muerte y la inmortalidad. Simplificando bastante: En el legendarium de Tolkien, sólidamente basado en una cosmovisión cristina, Eru Ilúvatar (Dios) crea el mundo, Arda, e invita a los Ainur (ángeles o deidades menores) a entrar en él para cuidarlo y guiar a sus hijos, es decir, a los elfos y a los humanos (los enanos son un caso al que habría que dedicar otro texto). Elfos y humanos son hijos directos de Ilúvatar. Por un lado, los elfos son los primogénitos, tienen vidas sempiternas (no eternas), inmortales dentro de Arda. Los elfos, como recordará quien haya visto las hazañas de Legolas en las películas de Peter Jackson, son en general más hábiles y sabios que los humanos. Por otro lado, la raza de los hombres, los segundos, reciben un regalo más controvertido: la muerte.


Este contraste entre hombres y elfos es fundamental en las historias de Tolkien y es uno de los principales catalizadores de la acción en la segunda edad de su mitología, en la que, por cierto, se desarrolla la serie de Amazon Los Anillos de Poder. Tolkien explica que la influencia de Morgoth (Lucifer, para fines prácticos) es lo que lleva a los humanos a desconfiar del regalo de la muerte, a considerarlo una maldición y a temer por la incertidumbre de su destino. Esta tensión es explícita en la civilización humana de Númenor, que envidiando la inmortalidad desafía a los Valar (ángeles de mayor rango) y a los elfos. Este intercambio en el Silmarillion entre mensajeros elfos y humanos de Númenor es especialmente esclarecedor:


The Eldar [elfos], you say, are unpunished, and even those who rebelled do not die. Yet that is to them neither reward nor punishment, but the fulfillment of their being. They cannot escape, and are bound to this world, never to leave it so long as it lasts, for its life is theirs. And you are punished for the rebellion of Men, you say, in which you had small part, and so it is that you die. But that was not at first appointed for a punishment. Thus you escape, and leave the world, and are not bound to it, in hope or in weariness. Which of us therefore should envy the others?"


And the Númenóreans answered: "Why should we not envy the Valar, or even the least of the Deathless? For of us is required a blind trust, and a hope without assurance, knowing not what lies before us in a little while. And yet we also love the Earth and would not lose it."


Then the Messengers said: "Indeed the mind of Ilúvatar concerning you is not known to the Valar, and he has not revealed all things that are to come. But this we hold to be true, that your home is not here, neither in the Land of Aman nor anywhere within the Circles of the World.


And the Doom of Men, that they should depart, was at first a gift of Ilúvatar. It became a grief to them only because coming under the shadow of Morgoth it seemed to them that they were surrounded by a great darkness, of which they were afraid; and some grew wilful and proud and would not yield, until life was reft from them. (negritas propias)


En pocas palabras, Tolkien apunta a que los elfos son seres que están completos en el mundo. Pertenecen a él, como los animales y los árboles. A pesar de ser hijos de Ilúvatar, el destino de los elfos y su inmortalidad está ligado al destino de Arda. Los elfos están en casa. El horizonte existencial de los humanos, por otro lado, es un destino más allá de Arda. No es de extrañar que los nombres que los elfos dan a los humanos al descubrir su existencia son “los invitados” y “los extraños”. Los humanos están de paso en la creación, no están en su hogar. Este mismo deinon, el misterio de la existencia y la incapacidad entender lo efímero de la vida, genera envidia, avaricia y resentimiento, que suele ser motivo de conflicto en las historias de la tierra media, pero también conlleva verdadera libertad, inimaginable para los elfos que están atados a los sucesos y al destino del mundo. A pesar de todo, a diferencia del existencialismo heideggeriano, en la visión cristiana que empapa la teología de la tierra media los humanos se llevan la mejor parte: Son hijos que Ilúvatar quiere para que amen al mundo y vivan en él, pero también para que estén con Él en la eternidad.



Beren y Lúthien, ella efla y él humano, representan, como muchas otras historias de la tierra media, la tensión entre lo mortal y lo inmortal.

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